lunes, 4 de agosto de 2014

Editando la mejor parte del amor

Me han escrito muchas veces pidiéndome que me refiera a aquellas personas a las que le han roto el corazón y no logran reponerse de una relación fallida. Fue allí cuando recordé una bellísima carta que un caballero decide escribirle a quien fuera el amor de su vida, y que demuestra que de una mala experiencia, aún siempre puedes editar la mejor versión.



Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial y continuar con los trámites de divorcio. A continuación te remito dicha lista, que como verás, la he dividido en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros diez años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú.

COSAS QUE YO DESEO CONSERVAR:
-La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
- La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche de bodas, cuando por fin dormimos juntos.
- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo, en medio de tus carcajadas, durante nuestra luna de miel, mientras subíamos a ese tren.
- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos y hablando.
- También me quedaré, si no te molesta, con las horas que pasé simplemente soñando, extrañándote o pensando en ti.

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:
- Las cenas en silencio, interrumpidas únicamente por el ruido de los cubiertos, porque ya no tenías nada para contarme.
- Aquellos besos obligados que me dabas, cuyo ingrediente principal era la rutina.
- El sabor agrio de los insultos y los reproches.
- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío, porque te quedabas hasta tarde navegando en Internet o hablando con tus amigos ocasionales en Facebook.
- Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas a hablar por teléfono.
-Alan y Cecilia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.

Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el automóvil, todos los muebles y la casa) solo quiero comunicarte que puedes quedarte con todo. Al fin y al cabo sólo son eso...objetos; que eventualmente puedo volver a comprar.
Afectuosamente, Roberto.

“Abre tu corazón y no tengas miedo a que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra”

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