lunes, 29 de diciembre de 2008

Nadie tenga en poco tu juventud I

Yo estoy parado frente a mi sueño, siempre lo ha sido. En mi mente, en mi carácter, en lo que haga, lo que deseo es ver más gente bendecida por Dios. Para eso, tuve que romper con muchas cosas en mi mente. Dicen que las iglesias grandes son como un club social, pero esta iglesia alberga a toda clase de gente. Tenemos una de nuestras células de 34 mareros. Dentro de los sueños que se van realizando, las cosas no son tan fáciles como parecen. En el anhelo que la gente recibiera a Jesús, hice cosas como esta: si mi carro estaba en servicio, yo tomaba el bus, y ahí le dan a uno un ticket. Entraba y me ponía a orar, porque aunque no lo crea, tengo una parte tímida en mí. Escogía la parada más cercana para que no se fuera a bajar la persona antes que yo. Tocaba el timbre, me le quedaba viendo a la persona y le entregaba el ticket, muerto del miedo. Entonces, me bajaba porque si eso generaba una conversación, yo no me animaba a seguir conversando. Cuando yo me bajaba, la gente sacaba la cabeza por la ventana llorando, agradeciéndome por la nota. Ahí aprendí, tenía tantos deseos de servir al Señor, que recuerdo que con un amigo nos íbamos a meter a la zona 1, cerca de unos cines que pasaban pornografía y me iba valientemente entre la fila que iba a entrar a ver esa película. Yo me arriesgaba a que la gente pensara mal de mí. Hasta que llegaba a la taquilla y normalmente, en la taquilla había una mujer. Y yo llegaba y le daba el ticket, después de eso, me metía a donde estaban los juegos de video, era un sitio de perdición donde la gente llegaba a conectar. Las jovencitas salían a la cacería. Y yo esperaba que llegaran para darles tratados y empezar a compartir la Palabra del Señor.



En esta época, sacaba mi ropa y le repartía a la gente que no tenía. Fui al parque, vi a una persona que estaba tomada y empecé a hablarle del Señor. El decía: “No creo que usted me quiera ayudar, porque enfrente de mi casa hay una iglesia, saben que soy alcohólico y jamás me han llegado a hablar”. Recuerdo que en una ocasión, llegué a la quinta avenida con mi Biblia en la mano, cuando vi a un travesti, hombre vestido de mujer, yo estaba ahí solo. Porque a esas “noches de gloria” nadie me quería acompañar, ahora todos quieren. Ahí no hubo uno que me acompañara. Cuando la gente se pone los moños, les digo “solo he predicado la Palabra, el privilegio es tuyo”. Nadie iba a ver a los necesitados, yo era el raro del grupo, me fui a meter ahí y recuerdo que me pasé la calle y hable con él. El me dijo: -¿Qué tienes ahí?-. -La Biblia -le respondí-. Luego, le dije -Jesús te ama-. -Lo sé - me dijo- soy hijo de pastor-. ¿Usted sabe lo que es recibir ese golpe cuando uno está compartiendo la Palabra, y encontrarse a un hijo de pastor vestido de mujer? Estaba ahí cuando se paró una radiopatrulla. Yo ya pensando qué me iba a tocar hacer. ¿Cuántos de ustedes verdaderamente quieren hacer lo que dicen que es su sueño? ¿Cuántos en lo que dicen que es su sueño están dispuestos a hacer lo que sea correcto para alcanzarlo? Si te tienes que levantar a las 4 a.m., ¿lo vas hacer? Si te rechazan, ¿vas a continuar? Porque se requiere más que un deseo para conseguir un sueño.



Ustedes han visto a esos tipos que se paran y empiezan a decir cosas sobre un aparato y cuando sienten, tienen una multitud como esta. Yo me iba a parar enfrente de ellos para aprender cómo le hablaban a la gente. Recuerdo que un día en ese parque, me encontré a una persona que decía: “A estos pastores, no les hagan caso, ladrones de diezmos, aquí están mis libros y los pueden comprar”. Yo iba con mi amigo y me paré frente a él y dije: “No es cierto, usted es un mentiroso, está engañando a esta gente”. Y se juntaba más gente, y el otro amigo me decía: “No le tires las perlas a los cerdos”. Cuando ya había un montón de gente, me di la vuelta y le di la espalda al que estaba hablando, y comencé a hablarles a todos los que estaban atrás de mí, y los llamé al arrepentimiento y recibieron al Señor. Ahí fue mi primera campaña. Con Sonia éramos novios, y estaba yo parado en una esquina en el zoológico, y nadie me oía. Cuando la gente empieza a decir “¿Será que va llegar gente a la cruzada?”, yo le digo: “ya le prediqué a nadie, puedo predicarle a uno”. Y adentro Dios diciéndote que le vas a predicar a multitudes. La gente hoy ve las cruzadas, la televisión, los hits en la página, y yo me pregunto si vas a sobrevivir, y si tu semilla y tu sueño van a sobrevivir a todo lo que le va a venir encima. Aquí todo es muy bonito, espérate cuando a tu sueño se le van a venir un montón de cosas. No necesariamente será abono, luz, agua; se dejan venir muchas cosas que uno se pregunta si fue Dios el que se lo dijo o si lo va a lograr. Recuerdo ese día que me dijeron: “vamos a examinar a cada uno cómo predica y le vamos a dar 10 minutos para que hable”. Fui a examinar mis notas, y dije: “No sé leer en voz alta, no sé pausar, no sé entonar la voz”, entonces, cerré los libros, y me hinqué. Le dije: “Señor, me van a examinar el sábado, tengo diez minutos para dejarme usar por ti, necesito que lo hagas, y no quiero pasar el examen, quiero que me des una Palabra que toque la vida de las personas que están estudiando, que me digas cómo debo hacerlo, pero que la gente crea”. Y preparé mi primer gran mensaje: “El gozo de la obediencia, la vida de José”. Lo que el pastor Otoniel predicó en estos días. Agarré, me paré frente a esas personas y antes de que los tres minutos pasaran, el mismo maestro mío estaba tirado de rodillas llorando, tocado por el Espíritu Santo. No pude terminar, pues el Espíritu Santo tocó a la gente. No tengo ningún curso real de cómo hablar en público, pero puedo escribir uno, con lo que yo desarrollé en oración de cómo actuar en público.



Estoy hablando de mis sueños para que lo apliques a los tuyos. El sueño de las cruzadas fue antes de ser pastor. Lo que Dios soñó fue que fuera pastor, lo que yo soñé fue ser un evangelista de nación en nación. Cuando Dios me dijo: “Quiero que pastorees a mi iglesia que está como ovejas sin pastor”, me quedé con los jóvenes, cuidándolos y ese fue mi gran trabajo con el que comencé a trabajar en un grupo de jóvenes, tratando de que mi vida y la de mi esposa inspirara a los demás a que podía ser bueno hacerlo. Yo quería tener las cruzadas, tenía una maqueta de la plataforma que iba a usar, íbamos a ir de ciudad, en ciudad, ese era mi sueño, lo que quería hacer. Cuando venía Luis Palau, se iba todo el mundo al estadio y se quedaba alguien en las gradas y era yo. Y le preguntaba al Señor cuándo usaría a un guatemalteco para hacer algo así, pero Dios sabía lo que había aquí adentro. Si quieres ser médico, no es para cobrar caro, sino para ayudar a la gente. Si quieres ser abogado, no es para vanagloriarte o enriquecerte, sino para ayudar a alguien a salir de sus problemas. Cuando empiezas a ver el beneficio de los demás, entonces empieza lo bueno. Vino el Espíritu Santo sobre mí y me dijo: “No quiero que te veas predicando, sino a la multitud convirtiéndose”. Cambié mi visión, deseando que la gente sea bendecida. Si tu sueño es elegir algo que bendiga a los demás, lo más seguro es que El te respalde. Que Dios se valga de ti para bendecir a otros. Si alguien está en constante peligro de confundir los sueños, son los que están en la plataforma.



¿Cuál es el sueño, la naturaleza que tenemos que tener para soñar? Cuando el Señor me dijo: “Te quedas ahí”, le dije “está bien”, sin saber lo que iba a venir. Cuando la cosa se encaminó, dije: “Me voy a meter a un instituto bíblico donde haya conexiones”. Llené la solicitud y me rechazaron. ¿Por qué? Porque pensaba ir al instituto a hacer conexiones internacionales, para cuando estuviera ahí pudiera ir de nación en nación. Entonces agarré una silla en el cuartito donde yo vivía, me postré y dije: “este va a ser mi libro de texto (la Biblia)”. Me dediqué por completo a ese libro, no tuve maestro, y un día recibí una invitación para predicar en Christ for the Nations. Me paré en la cátedra y empecé mi mensaje ahí, y les conté esa anécdota. Cuando el sueño es de Dios, uno tiene que ser leal y no sacar conclusiones equivocadas de que no se va a cumplir. José ni siquiera estableció metas. No dijo: “en tal año me van a acusar de acoso sexual”. ¿Sabe qué hizo José? Sirvió a su papá, al carcelero, al Faraón y por último, a Israel. Su familia fue la que lo vendió, de ahí en adelante, no aparece ningún creyente. Siempre fue promovido por gente que ni siquiera era del Reino de Dios. Ni uno del pueblo de Dios promovió a José, sino el mismo mundo, porque cuando el favor de Dios está sobre una persona, lo que dijo Dios, se va a cumplir.



I Timoteo 4: 11-13 Que nadie tenga en poco tu juventud…



Contarte de lo que Dios hace hoy no necesitas, sino de lo que Dios ha hecho; contarte todo lo que debes soportar para lograr alcanzar tu sueño. Cuando digo “santa terquedad” me refiero a todo lo que pasé cuando nadie daba nada por mí. ¿Qué va a pasar contigo cuando nadie aporte a tus proyectos? ¿Cuando nadie quiera sembrar nada en ti? ¿Cuando en la universidad no tengas ni vehículo en donde ir? ¿Qué va a pasar cuando los demás te rechacen por tu condición social o económica? ¿Vas a continuar?



Esta palabra “juventud” en el original no necesariamente significa joven de edad. Lo que significa es la edad joven de lo que estás haciendo en tu vida. Lo que está diciendo es que nadie te tenga en poco en el primer año de la universidad, el primer año que abriste la clínica de doctor, cuando abras tu célula, cuando lleves sólo a dos personas al encuentro, cuando empieces tu primer congreso en tu iglesia. Usted sabe que Job cuando tuvo sarna se rascó con un tiesto, yo dije que fue con una lámina, cometí muchos errores, pero cuando algo arde dentro de ti, Dios promueve gente que piensa en gente, no promueve a los que se valen de la gente. No hay profesión que escojas que no tenga que ver con gente. Hay que aprender que el Señor nos quiere así. No puedes desear ser un predicador y no ocupar tiempo para orar y leer las escrituras. No puedes desarrollar una visión, hay que ocuparse. Dios no promueve vagos.



Verso 14

Me voy a ocupar y no me voy a descuidar. Si tú eres bueno para estudiar y estudias más, te vas a volver mejor en eso. Los que somos deportistas, sabemos que si algo se deja de practicar o se descuida, se desaparece. Cuando Tigerwood cambió su forma de hacer el swing, pasó dos años sin trofeos. Los cambios valen la pena, pero hay que dedicarse a ellos. Si eres una persona que lee, entre más lo hagas, desarrollas habilidades. Si dejas de hacerlo, descuidas el don que tienes. Si Julio deja de cantar, pierde su don. Si yo que nadie me oyó en el parque, me que rechazaron, si al primer rechazo lo descuido, ¿qué hubiera pasado? No lo descuides. Eres un cirujano, opera todos los días si puedes, pero dejas de operar y ¿qué pasa? Verso 15 otra vez, ocúpate.



Di: Ocuparme, no descuidarme y que se aprovechen de mí. ¿Cuántos quieren ser usados por Dios? Toda naranja que nunca es partida y se le saca el jugo, muere triste. La tristeza seca los huesos. Cuando dejas una naranja sin que la exprimas, se seca, creo que es una manifestación de tristeza que nadie la dejó cumplir aquello para lo cual nació, y era que alguien se tomara su jugo. Si eres de los que se queja porque se aprovechan, no eres candidato para un sueño. ¿Qué ocurre con algunos de ustedes? Sólo quejándose, ya déjate de quejarte. Quéjate cuando nadie te exija algo, entonces quéjate. Si te buscan tanto es porque eres bueno. A algunos de ustedes les ha ido bien, por pura suerte, pero si tienes la actitud correcta, Dios te va a bendecir. Yo vivo por la mía, no por la tuya. No cuento con nada, no tengo recursos, no sé cómo, pero tengo la fe para alcanzar mi sueño. No conté con nada, ¿con quién contaba en el bus, en la sexta avenida? No tenía, pero aprendí algo: Dios me dio algo y eso es lo que tengo: fe. Para mí eso es más que suficiente. Hace poco, estaba yo en la construcción y me puse a llorar, le dije: “Señor, si la gente pudiera comprender y saber que no es que tenga riquezas, o que tenga dinero como la gente dice o habla, si supieran que es un don tuyo lo que ha producido todo. Si supieran que es la misma fe que un día tuve cuando hice mi casa, cuando construimos este templo. Ahora está sentado en un edificio que se levantó para honrar la fe. Pero muchos voltean a ver lo que no tienen en lugar de ver lo que sí tienen. Cuando hicimos la primera cruzada, le dije a Sonia que íbamos a vender la casa y ella estuvo de acuerdo. Costó $15,000. El problema es que la gente sólo mide el dinero, no lo que van a conseguir con él, cuando sólo es un medio. Lo que hay aquí adentro es un don, y sólo me queda darle gracias a Dios por él. Si me quita el don, hasta ustedes se desaparecen. Ustedes están aquí no por mí, sino por el don que vive en mí. Lo tengo bien claro, tengo los pies sobre la tierra.



En I Corintios 12 dice que hay varios dones, pero un espíritu y que el espíritu da los dones, y los da a cada quien como El quiere. La palabra “don” es regalo, muchos son los regalos del Espíritu Santo, entre ellos está el de la fe, el de profetizar, el de milagros, pero el don de la fe es un regalo del Espíritu Santo. Si yo fuera Él y tengo que regalarle algo a cada uno de ellos, en toda la fila, ¿por qué le daría un regalo? ¿Cómo inspiras a Dios? A Él se le provoca. El no anda diciendo te regalo, te regalo… El está buscando amigos a quienes darles regalos, la pregunta es ¿serás tú uno? Yo sé que hay mucha gente llorando, tocada por el Señor. Yo me paré frente a la construcción a agradecerle a Dios por ese regalo, el regalo de la fe

CASH LUNA

1 comentario :

Merkdotecnia Redacción dijo...

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