miércoles, 12 de agosto de 2009

Mente en batalla jovenes y adolescentes cristianos


Tengamos la mente de Cristo. Nuestros pensamientos determinan la forma de vivir. Descubre cómo ser libre de los pensamientos que te esclavizan.

De dónde vienen los pensamientos del hombre? Es sencillo. Tienen dos orígenes principales.

Primero, nuestra carne sigue irradiando pensamientos e ideas del viejo camino. La carne es esa parte de nosotros que fue entrenada para vivir independiente de Dios antes que fuéramos cristianos. En esa época no vivíamos de acuerdo con lo que Dios decía. Estábamos separados de Dios y no entendíamos sus caminos, aprendimos a triunfar y sobrevivir por medio de nuestras propias habilidades y capacidades. Aunque ahora tenemos una nueva naturaleza en Cristo, el mundo pecador sigue tentándonos a que volvamos a esas viejas maneras de pensar y vivir.
Segundo, hay alguien activo en el mundo que odia que vivamos como Cristo manda. Satanás y sus demonios están muy ocupados tratando de llenar tu mente con pensamientos negativos e ideas mundanas que, a su vez, producirán conductas negativas.

La batalla que se libra por nuestra mente es un conflicto entre lo que Dios nos dice que hagamos y lo que el hombre quiere y manda para sí. Puedes sentirte como víctima indefensa en esta batalla, llevada y traída como si fueras una pelota de fútbol, pero eres cualquier cosa menos un ser indefenso. Efectivamente, tú eres quien determina quién gana cada pelea.

La batalla que se libra por nuestra mente está explicada en este pasaje: "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:3-5).

Lo primero que debemos saber es que no se pelea al nivel de la habilidad humana. No podemos ser más listos ni más fuertes en la carne –actuando por cuenta propia– que el diablo. Nuestras armas deben tener un "poder divino" si queremos ganar un conflicto espiritual.

Los blancos principales que deben destruirse son las "fortalezas" de la mente. Las fortalezas son malos patrones de pensamientos que están grabados a fuego en nuestras mentes, sea por repetición de experiencias o por traumas fuertes que ocurren una vez en la vida. ¿Cómo se instalan estas fortalezas en nuestras mentes? Suelen ser el resultado de varios pasos que, sutilmente, nos alejan del plan que Dios tiene para nosotros, que nos atrapan en las conductas del camino común.

Estamos hechos para vivir en comunión con Dios y cumplir sus propósitos. Pero, aunque vivos físicamente, nacimos espiritualmente muertos en un mundo hostil a Dios y a sus designios (Efesios 2:1-2). Todas nuestras experiencias venían de este ambiente pecador antes de que fuéramos llevados a Cristo. Cada día que vivimos en este ambiente, éramos influidos y moldeados por él.

Las influencias del mundo al que fuimos expuestos abarcan gente, lugares y acontecimientos que nos tentaron a andar por el camino común. Fuimos influidos por los libros que leímos, las películas que vimos, la música que escuchamos e incluso por hechos traumatizantes. Aprendimos maneras –que pueden haber sido o no las de Dios– de enfrentar y manejar lo que nos pasaba, y de resolver los problemas que producían.

Tus pecados fueron lavados cuando recibiste a Cristo como Salvador, pero seguiste con tus viejas maneras de pensar y conducirte, que aprendiste a medida que te amoldabas a tu ambiente. Efectivamente, el cristiano puede seguir viviendo con el mismo estilo de vida básico que tenía cuando vivía independiente de Dios. Por eso Pablo escribió que no nos amoldemos a este mundo, sino que seamos transformados renovando nuestra mente (ver Romanos 12:2).

Por otra parte, en el momento en que somos tentados a satisfacer una necesidad en el mundo en lugar de hacerlo en Cristo, estamos a la puerta de una decisión. Si no elegimos de inmediato llevar "cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo", empezamos a considerarlo como una opción. Si empezamos a pensar en esto, nuestras emociones son afectadas de inmediato, y aumenta así la probabilidad de rendirnos a esa tentación.

La Biblia nos enseña que Dios ha provisto una salida para cada tentación (1 Corintios 10:13), pero el escape está en el mismo comienzo. Si no controlas la incipiente tentación en el pensamiento, corres el riesgo de dejar que la tentación te domine.

El poder de Satanás radica en la mentira (Juan 8:44). Él no tiene poder sobre nosotros, salvo el que nosotros le demos. Cuando no cautivamos todo pensamientos podemos ser engañados y creer en sus mentiras.

El diablo puede inducir tus pensamientos en forma de voces tranquilas interiores. Muchos cristianos nos cuentan que oyen voces en su mente con toda claridad, pero tienen miedo de contárselo a alguien porque pensarían que están locos. Muchos otros son atormentados por los malos pensamientos que estorban o detienen sus devociones. Rara vez se dan cuenta que estas distracciones reflejan la batalla que se libra por la mente de ellos.

Puesto que el arma principal del diablo es la mentira, nuestra defensa contra él es la verdad. El poder del diablo queda roto cuando tú dejas al descubierto su mentira con la verdad de Dios. Por eso Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32).

¿Cuál es nuestra parte en la batalla? Debemos ser transformados por la renovación de nuestras mentes (Romanos 12:2). ¿Cómo? Llenándola con La Palabra de Dios. Debes dejar que "la paz de Dios gobierne en" tu corazón (Colosenses 3:15) y que "la palabra de Cristo more en abundancia" en ti (Colosenses 3:16) para ganar la batalla de tu mente. A medidas que sigas llenando tu mente con la verdad de Dios, te equipas para reconocer la mentira y capturarla.

También debemos cautivar cada pensamientos haciéndolo obediente a Cristo. Cuando se te ocurra una idea que no esté de acuerdo con La Palabra de Dios, recházala de inmediato. Vuélvete a Dios. Cada vez que tengas pensamientos que pongan en peligro tu compromiso de andar por el camino de Dios, ponlos ante Dios en oración.

Dios hará lo que le corresponde a medida que nosotros recurramos a Él. Pero debemos asumir la responsabilidad que nos toca por nuestros pensamientos.
Ganar la batalla de la mente es la herencia de todos los que están en Cristo.

Neil T. Anderson

2 comentarios :

LISET dijo...

AL HNO Q ESCRIBIO ESTE ARTICULO Q DIOS LE CONTINUE BENDICIENDO CON ESTOS TEMAS. Y SIGA PONIENDO EN ÉL, EL SENTIR DE LOS MISMOS. PORQ ESTOS TEMAS SON PARTE FUNDAMENTAL EN LA VIDA DEL CRISTIANO, DE LOS CUALES EL 80% DE LA POBLACION CRISTIANA SE VE AFECTADA Y SE DA LA SALIDA PERO NO SE DETALLA. CLARO SIN DISCRIMINACION DE OTRAS ENSEÑANZAS

Perla dijo...

ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO QUE NUESTRA LUCHA SE PRODUCE EN LA MENTE.ES IMPORTANTE DESARRAIGAR TODA FORTALEZA, PORQUE TE ROBA LA FE Y LA ESPERANZA QUE ESTAN EN LAS PROMESAS DE DIOS CUANDO SE LEEN.
EXCELENTE LO PUBLICADO. DIOS LOS BENDIGA MUCHO PERLA

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