martes, 12 de octubre de 2010

Remedio contra el desaliento


Jeremías fue un profeta valiente, llamado por Dios a temprana edad. Con el rey Josías, un creyente fiel, habían tratado de reformar el país y hacer volver al pueblo al verdadero Dios. Después de años de esfuerzos tuvieron que constatar que los resultados eran decepcionantes. Este pueblo se alejaba de la piedad sincera, y Jeremías debía enfrentarse con una fuerte oposición.

Cansado y desalentado, exclamó: “¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?… ¿Hasta cuándo estará desierta la tierra, y marchita la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en ella moran, faltaron los ganados y las aves” (Jeremías 12:1, 4). En el fondo, el profeta cedió al desaliento, y parecía decir: «¡Todos mis esfuerzos son vanos, voy a renunciar!».

Además todas las dificultades con las cuales Jeremías se había encontrado eran sólo una primera impresión de lo que estaba por venir. Pero Dios estaría con él: “Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte” (cap. 15:20).
Creyentes, a nosotros también se dirigen estas palabras. Aunque pasemos por diversas pruebas, el Señor en su gracia quiere utilizarnos para su servicio. Si deseamos servirle, no dejemos de trabajar, no bajemos los brazos; él quiere confiarnos nuevas tareas. Quiere hacernos correr en el camino de la fe con nuevas fuerzas.

Levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos… pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice el Señor, para librarte.
Jeremías 1:17,19 (la buena semilla)

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