lunes, 18 de agosto de 2014

Morir amando

Hace algunos años me puse a pensar en la manera en que quería morir. Se que suena morboso, pero déjame explicarte como arribé a esa conclusión.
Luis Sandrini fue un talentoso actor Argentino que filmó nada menos que 72 películas y allá por 1980 mientras rodaba “Que linda es mi familia”, comenzó a sentirse muy mal de salud. Terminó la última escena y se fue directo al hospital a internarse, donde murió 16 días después, un domingo 5 de Julio de 1980; al día siguiente yo cumplía 12 años.
Aún recuerdo las declaraciones de su esposa: “Luis falleció en el set, amando y haciendo aquello que más lo apasionaba”.
Así es como decidí que quería morir: al igual que Sandrini, haciendo lo que amo y amando hasta el último aliento de mi vida.
Quiero vivir con esta pasión y amor que me ha puesto Dios, hasta que me tenga que ir.

Estoy plenamente convencido que la fecha en la que uno muere no es la misma que queda grabada en nuestra sepultura. La mayoría de la gente muere mucho antes de bajar al sepulcro. Comenzamos a morir cuando ya no estamos enamorados y no nos queda nada ni nadie por quien valga la pena vivir. Y no comenzamos a vivir hasta que no hayamos encontrado alguien por lo quien valga la pena morir.
Es irónico que descubrir alguien por quien valga la pena morir, sea el motivo por el que valga la pena seguir viviendo (Si, léelo otra vez, por favor).
El gran error de muchos es que comienzan persiguiendo una pasión y terminan conformándose con un enamoramiento. Y las pasiones más profundas, quedan sepultadas bajo los escombros de las responsabilidades cotidianas.
He conocido personas que de jóvenes eran muy apasionadas y románticas hasta la médula; pero tan pronto se casaron y tuvieron un par de hijos, se dedicaron a trabajar para pagar cuentas, como si de eso se tratara el gran juego de la vida. Los gastos fijos ahogaron aquel apasionado amor, se volvieron opacos y dejaron de brillar.
Se que algunos me lo discutirán alegando: “Eso que planteas no existe en la vida real, el amor es una decisión, no solo un sentimiento”, y aunque en algún punto podría estar de acuerdo, eso no significa que deba perderse la pasión en el proceso, porque si eso sucede, solo nos queda el tedio de la obligación. Uf.
El amor verdadero y apasionado es lo que te despierta a primera hora de la mañana y te mantiene despierto hasta altas horas de la noche, en todos los órdenes de la vida.
Conozco personas que aunque todos los días suben un peldaño, son muy infelices y es porque han apoyado su escalera en la pared equivocada (se que algunos entienden exactamente de lo que hablo) y lo que es peor, descubren que en la cima también hay angustia. Es la depresión de la falsa felicidad. Se casaron enamorados del amor y no de quien decían amar. Es como seguir toda una carrera con el único fin de obtener un diploma para colocar en la pared; si no amas lo que vas a hacer, el diploma se pondrá amarillento antes de lo que imagines.
Como suele suceder con las celebridades de Hollywood, que la mayoría termina en clínicas de desintoxicación.
Me pregunto ¿qué hay ahí arriba, en la cima, que los espanta tanto? ¿Será que, a deseo cumplido, deseo muerto? No lo creo, más bien estoy convencido que aún un tipo como Justin Bieber nunca estuvo enamorado, ni siquiera de aquello que hace.
En mi caso, prefiero fracasar en algo que amo, a tener éxito en aquello que no disfruto.

Ahora ¿Cómo logras enamorarte apasionadamente y no perder la llama en el intento? Te voy a dar el secreto, aunque te rías: Un espermatozoide penetra en un óvulo y todos los datos genéticos que determinan quien vas a llegar a ser quedan codificados en esa primera célula. El cuerpo de la madre comienza a producir hormonas aún antes de saber que ella está embarazada. El corazón del bebé comienza a latir el día 22. A las cuatro semanas esa célula se ha multiplicado hasta hacerse 10 mil veces mayor. Y cerca del día 42 las neuronas se empiezan a multiplicar a la velocidad de diez mil por segundo, desde el nervio óptico hasta la corteza auditiva y el sistema respiratorio, todo dentro del vientre materno. El mayor milagro es que todo está encriptado en el microscópico código de nuestro ADN. ¿Qué tiene que ver todo eso con el amor apasionado? Que las pasiones y el amor verdadero son concebidas de una manera muy similar. Comienza con el anhelo de una pequeña célula, un solo detalle te atrapa el corazón y luego ese amor va creciendo de manera orgánica, la pasión se va haciendo más y más intensa, si es que no la dejas morir y le das espacio para desarrollarse. “Hoy te quiero más que ayer” debería ser la frase de cabecera de cada día de nuestras vidas. Recuerda que las relaciones afectivas nunca permanecen estáticas, o se van haciendo más profundas o más superficiales, pero siempre están en movimiento.

No puedo dejar de pensar que nadie sentía más amor y pasión por la vida que el mismo Jesús. Y por eso se le da el nombre de “pasión” al último capítulo de su vida. Razón por la cual los seguidores de Jesús deberíamos ser los más apasionados del planeta. Por eso mismo que me indigna esa gente que cree que “ama un poco”, pero no está segura. O aquellos que están “casi” enamorados pero no lo suficiente como para arriesgarse, porque en definitiva, viven una vida abúlica, en blanco y negro, salpicada por alguno que otro gris de tanto en tanto.
- ¿Eres feliz? -les peguntas.
- No me puedo quejar - te responden.
- Te pregunté si eres feliz.
- Bueno…tengo una linda familia.
- No me estás contestando lo que te pregunto.
- Digamos que no hacen faltar nada…
- No te pregunté por tu economía, sino por tu felicidad.
- Que se yo…supongo que si, no me lo he puesto a pensar.
Lo cierto es que al amor no hay que pensarlo, hay que sentirlo. A la felicidad tampoco se la supone, se la vive. En fin, en el mejor de los casos, recuerdan que alguna vez amaron y ya no edifican una vida ni mantienen la llama, solo se dedican a sobrevivir.
En mi caso, he decidido pintar la vida del color que más me guste. Si amo, lo hago con pasión o prefiero no hacerlo. Escribo, dibujo y actúo con pasión. Doy mis conferencias y predico con pasión, como si fuese la última vez que lo fuese a hacer. Tengo algunas canas, un par de arrugas más y me canso un poco más que hace dos décadas atrás, pero hasta nunca he perdido el fuego y espero no hacerlo nunca. No siento culpa ni pido perdón por ser intenso, por ir hasta el fondo siempre, por ser apasionado hasta quedarme sin fuerzas y caer exhausto en la cama, cada noche de mi vida. Lo invierto todo, lo doy todo, no me guardo nada para mañana, ni siquiera una buena idea para un próximo libro. El pasado murió mientras dormía, el mañana aún no me pertenece, solo cuento con el capital del hoy y lo transito con pasión.
Si así es como he vivido, imagínate como me gustaría morir: nada menos que amando, lo cual por estos días, es casi un artículo de lujo.

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