jueves, 22 de julio de 2010

Cuando soy débil, entonces soy fuerte


Lena Klingwall nació sin brazos. Como campeona mundial de natación de los minusválidos, pudo dar testimonio de su fe: –«¿Estaba Dios cerca de mí cuando yo sólo era un embrión? ¿Pensó en mí antes de mi nacimiento? Lo creo, y también estoy persuadida de que mi apariencia no es lo esencial. Lo importante es mi actitud hacia Dios.
Evidentemente, muchas veces me pregunté por qué Dios permitía tantos sufrimientos, enfermedades y tristezas en la tierra. Quizá justamente lo que nos hace sufrir es lo que más sirve para fortalecernos. Nadie atraviesa la vida sin encontrar un obstáculo. Me parece que los seres humanos se enriquecen con las experiencias dolorosas que Dios les permite.

Con la ayuda del Señor pude superar los sufrimientos y las dificultades. Él mismo me dio la fuerza necesaria para ello. Por supuesto que a menudo deseé que Dios me hubiera evitado mi discapacidad, pero más de una vez experimenté su presencia tanto en situaciones insignificantes como en circunstancias importantes. Esto me da gozo y fuerza. Puedo, pues, considerar el porvenir con confianza, aun cuando ignoro lo que me espera. Estoy agradecida a Dios por vivir. Tengo un marido, una familia y amigos dispuestos a ayudarme cuando las circunstancias se vuelven demasiado difíciles, pero ante todo tengo a Dios. Él me ama y sé que nada podrá separarme de su amor».

Tres veces he rogado al Señor, que lo (el aguijón) quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad… Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
2 Corintios 12:8-10

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